Borges y la noche
Foto de Eduardo Comesaña «Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche» [1] , releo en un famosísimo cuento de Jorge Luis Borges. Su fama (me refiero a la del cuento) se debe fundamentalmente al carácter metafísico del texto, y convengamos que la metafísica, tal vez por ser algo impenetrable para la mayoría de la gente, despertó siempre un especial interés en aquellos lectores que se jactan de elitistas. No es mi caso. Por eso, lo que quiero rescatar de la frase mencionada no es en sí lo que anuncia —esa aventura mística y filosófica que ya muchos conocemos—, sino lo que presenta en las tres últimas palabras del final: un artículo, la , un adjetivo, unánime , y un sustantivo, noche . No hablaré, por tanto, de que tampoco nadie haya visto «la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado» [2] , ni de que poco después haya empezado a rumorearse «que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de l...




